Carta del director

Cali, 07 de octubre 2019

EN LAS MIPYMES TODOS SOMOS TRABAJADORES

Apreciada María, intento contestar en esta carta, tus inquietudes manifestadas en  reciente charla en el Centro de Pensamiento Crítico Daniel Gillard, sobre la relación empresa trabajador en el marco de los  sistemas capitalista y comunista o socialista. Tu pregunta precisa fué: ¿Todo empresario es por definición capitalista explotador de la mano de obra de la gente y eso lo hace merecedor de la condena social?

Para comenzar, es importante repensar el concepto del trabajo y el de las empresas, enfatizando en  las mipymes (micros, pequeñas y medianas empresas)   en la sociedad. Mientras el trabajo, por definición tradicional, está asociado a la persona que cumple su labor como empleado o contratista; la empresa se asocia con inversión de capital y con personas llamadas capitalistas.

El hecho concreto es que en el día a día, en el universo de las micros, pequeñas y medianas empresas, todos o casi todos, somos antes que nada, trabajadores. Unos, trabajadores emprendedores y de paso inversionistas (casi siempre endeudados y toderos, abriendo y cerrando el negocio a diario) y otros, trabajadores empleados o contratistas.

Si aceptamos esta realidad, debemos reconocer que al interior del conjunto de las mipymes , que representan no menos del 98% de las empresas, el conjunto social moviliza recursos de capital, de trabajo, de tecnología y de información, que terminan convertidos en productos y servicios, los que hacen posibles diversas ofertas y oportunidades para  ciudadanos, hogares y empresas consumidoras. Incluso, en algunos casos, los gobiernos y las grandes empresas terminan beneficiándose de los servicios y productos que nacen en las mipymes.

En este contexto, estamos ante el desarrollo económico local y territorial, pues éste es el escenario natural de las mipymes. Estamos ante una lógica de capital-trabajo, que no puede ser equiparada con  la lógica del capital transnacional y de grandes empresas, con relación al trabajo individual contratado. Por tanto, la ideologización de los discursos anticapitalistas como una sola realidad, no solo es equivocada, sino tendenciosa, puesto que éstos, los discursos anticapitalistas, terminan enfrentando sin rigor social, económico y cultural, a los trabajadores emprendedores (empresarios) con los trabajadores empleados o contratistas, en realidades locales y regionales, que viven particularidades propias de su historia y de su cultura.

Además, es importante considerar que la rigidez teórica y reglamentaria, no se compadece con la tozudez de la realidad en la que se genera la dinámica económica local y territorial. Así por ejemplo, un trabajador emprendedor que monta un taller de cerrajería o una oficina jurídica, contable o de diseño e ingeniería, contrata a uno o varios trabajadores dependientes para realizar labores en su taller u oficina, en las condiciones legales y de  mercado que debe y puede hacer, sin que por ello pueda asumirse que entre los dos tipos de trabajadores, se crea una relación de  explotación y mucho menos de confrontación social.  Estas relaciones obrero patronales, en la práctica, terminan signadas por contextos culturales y comunitarios muy propios, en los que la interdependencia de unos y otros termina siendo definitiva para mantener el desarrollo económico y social  del territorio en el que conviven.

En definitiva, podríamos hablar que las mipymes corresponden a una estructura empresarial propia de lo que constituye la economía social de mercado, para la generación de un mayor bienestar como riqueza colectiva, mientras que las grandes empresas y las transnacionales, lideradas por la banca internacional, se corresponden con el capitalismo global, el cual no tiene mayoritariamente  empresarios en su ADN. Tiene inversionistas, casi siempre, sin rostro y con pretensiones abusivas sobre los Estados nacionales, aprovechando su poder de imposición y de negociación. Este es el capitalismo puro y duro que es necesario enfrentar, so pena de aceptar la destrucción planetaria a merced del más burdo interés financiero, es decir, el de las máximas utilidades monetarias sin generación de riqueza entendida como bienestar social de la humanidad.

En cuanto a la economía comunista o socialista, la historia enseña que la llamada socialización de la riqueza, termina convertida en socialización de la pobreza, pues el discurso ideológico que la soporta, no es más que un simple maquillaje para los nuevos propietarios, quienes resultan siendo los políticos, los funcionarios y los contratistas, que en nombre de un discurso colectivizador, se apropian de los recursos de capital, trabajo, tecnología e información, tal como lo hacen los capitalistas silvestres, pero con ropaje distinto. Y con el agravante de que éstos, los nuevos dueños, ni siquiera invierten su propio capital en las empresas, pero si hacen de ellas, piñatas suculentas a las que ordeñan en su infinita codicia vestida de ideología y “respaldados” en su precariedad gerencial para llevar a buen puerto la economía. Al final, resulta una puja entre capitalistas puros y duros: unos defendiendo sus pretensiones acumuladoras y otros, los nuevos políticos empresarios, defendiendo la lotería en la que convierten el erario público y el capital   privado, repartiendo sin producir, gastando sin invertir y apropiándose sin emprender.

José Alberto Tejada Echeverri

Presidente Corporación CECAN

Director Canal 2 TV Cali

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