Reforma tributaria contra los sectores populares

Reforma tributaria contra los sectores populares

En ese sentido, aquí hay que recordar un asunto estrechamente relacionado con la democracia. La democracia no es sólo votar o elegir u hacer otras cosas de cosas de lógica política. También tiene que ver con los asuntos económicos. ¿Se concentra o no la riqueza? ¿Son altos o bajos los salarios? ¿Quién paga los impuestos y cómo se invierten?
Estamos ante una reforma tributaria, toda, absolutamente toda, montada para aumentar el IVA, el impuesto al valor agregado, un impuesto por naturaleza diseñado para que lo paguen los más pobres, los más numerosos en nuestra sociedad. Uno de los avances que el capitalismo le aportó al desarrollo de la humanidad consistió en pasar de los impuestos indirectos vigentes en las sociedades medievales a los impuestos directos propios de una sociedad más moderna. Y el IVA lo que hace es regresar a formas, llamemos, precapitalistas de tributación, que graban particularmente a los pobres. ¿Por qué estoy insistiendo en esto? Porque esta reforma tiene un impuesto calculado contra los juegos de azar. ¿Quiénes son los que en Colombia compran chance? El obrero de la construcción, la modista, tantos compatriotas que bregando a conseguirse unos centavos de más, porque sus ingresos le son insuficientes, compran un chance o una lotería para ver si la fortuna les sonríe y pueden llevar algunos recursos más a su hogar. Es una reforma tributaria que también grava los licores, la cerveza, por ejemplo. ¿Quién toma cerveza en Colombia? Pues los pobres, el obrero de la construcción que el sábado, cuando le pagan, se toma una cerveza antes de llegar a su casa; el ciudadano de clase media que se toma unos tragos con su familia o sus amigos. Y grava también el tabaco, también por definición un producto de consumo popular.
Llamo entonces la atención, senadores y colombianos, sobre la naturaleza profundamente retardataria del proyecto. Es una reforma, repito, calculada para caer sobre los menguados ingresos de los más pobres. Y es bien notoria la diferencia con los impuestos que se les cobran a los monopolios y las trasnacionales. Cuando a un monopolio o a una trasnacional o a una persona adinerada se les cobran impuestos, los pagan con dineros que dejan de acumular, digamos, como el nuevo enriquecimiento del año siguiente. Por el contrario, los pobres e incluso las clases medias pagan los impuestos es dejando de consumir. Cuando a un pobre de Colombia le ponen más impuestos en el chance, en esa familia va a haber menos alimentos para llevar a su hogar. Cuando a esa persona le cobran más impuesto por un bien cualquiera de consumo, lo paga absteniéndose de consumir, volviéndose más pobre, comiendo menos, vistiéndose menos, educándose menos, recreándose menos, comprando menos medicamentos. Insisto entonces en señalar que estamos ante un proyecto profundamente retardatario, profundamente regresivo. Con un agravante: esta es la política del neoliberalismo y del libre comercio en la estructura tributaria, la misma que les otorga de manera generosísima a los monopolios y a las trasnacionales exenciones tributarias por más de 7 billones de pesos. Cuando hay un Estado que no le transfiere los recursos adecuados al sector salud, el gobierno se levanta la teoría de que hay que salvarlo –lo que yo pongo en duda–, pero clavándose a los más pobres y acallando el debate.
Las teorías primigenias del capitalismo señalaron que los impuestos deben ser progresivos. Así está en la Constitución Política de Colombia, que consagra la progresividad de los impuestos. ¿Qué quiere decir progresividad de los impuestos? Que las tasas de tributación deben ser mayores para las personas más adineradas y que, por supuesto, los pobres no deben pagar impuestos. Es absolutamente inaudito coger a un jornalero y gravarlo cómo lo grava este proyecto. Sacarles la plata del bolsillo a los más débiles de los colombianos para entregársela a los negociantes de la salud, monopolios y trasnacionales que nadan en la abundancia y que reciben exenciones tributarias por otros tipos, es otra razón para señalar que el proyecto es retardatario.
La lógica del libre comercio, la lógica del neoliberalismo, que es el centro del debate de la economía nacional, tiene que ver con estos asuntos. Uno de los aspectos retardatarios que tienen los tratados de libre comercio, dice un estudio contratado por la propia Unión Europea, es que estimulan estructuras tributarias regresivas, que no sólo golpean a los pobres, sino que además hacen que al final los recursos que le lleguen al Estado también sean insuficientes, lo que nuevamente termina golpeando a los más débiles.
Y si los impuestos se calculan para favorecer, como en este caso, a los monopolios del negocio de la salud, del capital financiero, entonces estamos hablando de sacarles, senador Estacio, la plata a los indígenas pobres cuando compran un chance o se toman una cerveza, para echársela al bolsillo a monopolios y trasnacionales. Es bien difícil concebir otro proyecto de ley más antidemocrático.
¿Cómo se puede asegurar que en Colombia hay democracia, en el sentido auténtico de la palabra, cuando en lo económico se dan cosas tan profundamente regresivas? Es un asunto que hay que explicarles a los colombianos y llamarlos al mismo tiempo a que se movilicen, mediante la lucha democrática, por supuesto, para lograr las transformaciones políticas y económicas que requiere nuestra sociedad.
moir.org.co
 

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John W. Martínez

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