Así es Cali en elecciones

Así es Cali en elecciones

Cali en un día de elecciones es una ciudad pintada de graffitis con mensajes políticos: “No reelijas la rata que mata”, se leyó en una pared blanca de un edificio cercano al Instituto de Bellas Artes. En otro muro se leía: “Eskapando (sic) al silencio expuesto”. Y en la Avenida Sexta se leyó una publicidad política que salió gratis. En una pared aseguraron: “Wilson Arias es el defensor de los trabajadores”.

Cali ayer fue una ciudad que cerró las calles aledañas a los puestos de votación. Por las vías libres transitaron en promedio unos 16.000 taxis, no había pico y placa. Lo que no se vio fueron caballos y carretas transportando escombros. Animales y dueños descansaron gracias al decreto 0126 de la Alcaldía expedido el 10 de marzo pasado, que prohibía la movilización de vehículos de tracción animal. También se prohibió la movilización de camiones que transportaran gas propano.

Uno de los taxistas era Carlos Emilio Aranda, que trabajaba para la campaña de Juan Carlos Rizzetto, candidato al Senado por el Partido de Integración Nacional, PIN. Dijo que le pagaban 30 mil pesos, por “el rato”.

Es decir, un turno que empezó a las 8:00 a.m. y que terminó a las 4:00 p.m. También comentó que nunca en su vida ha votado y sentenció que nunca lo hará. “¿Uno cómo hace para saber quién es el menos malo de todos los políticos?”, preguntó.

Cali en elecciones es una ciudad de vendedores ambulantes que sueñan con hacer su gran día. Sobre la Calle Novena, por ejemplo, un vendedor de mangos que se dedica a sacarle el jugo a ese oficio desde 1974, y que vive en el barrio San Judas, aspiraba a vender $50.000 de la fruta. A las 9:00 de la mañana apenas llevaba $3.000. “Pero las ventas se mueven”, dijo con la voz de la experiencia.

Al frente de su carreta estaba Abelardo Quintero, un chocoano que lleva 20 años dedicado a vender dulces. Se levantó a las 6:00 a.m y las 7:00 ya estaba con el negocio abierto. A las 9:10 a.m había vendido $5.000. El asunto, dijo, iba bien. En la tarde dejó en el negocio a su hijo. Se fue a votar a Siloé.

Cali en elecciones es también una cantera de anécdotas risibles. Una mujer afro, niñera de oficio, dijo en la fila para entrar al puesto de votación del Diamante de Béisbol que quería participar en estas elecciones. “Cédula en mano”, le exigió un policía en la entrada. La mujer puso cara de sorpresa, no pensó que para votar se necesitara el documento… “La cédula la dejé en la casa”, dijo sin pena. El policía trató de contener la risa. No pudo.

A Rosalía Rios, otras de las votantes, le dijeron que no podía ejercer su derecho al voto porque ella no debía estar caminando por la ciudad, tampoco por la vida. Su lugar era el cementerio. Un jurado de votación le advirtió que según su cédula, ella aparecía en los registros como muerta. La noticia la difundió un noticiero de televisión.

Cali en elecciones es una ciudad de candidatos que han perdido peso después de tanto agite de las campañas. Mapi Velasco, candidata al Senado por el movimiento Compromiso Ciudadano por Colombia, votó en la mesa 27 del CAM y ahí aseguró que ha perdido unos cuatro kilos. Su día empezó muy temprano, con una llamada que le hicieron desde Tumáco a las 6:30 a.m., para desearle suerte en la jornada electoral. En la mañana recorrió los puestos de votación en Cali y Palmira con el candidato a la Cámara Juan Fernando Reyes. En la tarde, advirtió Mapi, no se despegaría del radio. Tal vez por eso en el barrio San Fernando, donde queda la sede de su movimiento, había total silencio a las 4: 00 p.m. La fiesta fue en la noche del sábado, y con antorchas.

Cali en elecciones es también una ciudad en la que los candidatos afro son los que sufren más tensión y ansiedad por los resultados de la jornada. Primero, porque en los medios televisivos y radiales se informa, pero muy entrada la noche, sobre la suerte que tuvieron en su idea de llegar al Congreso por Circunscripción Especial de Comunidades Afrocolombianas. Segundo, porque la lista de candidatos es gigantesca: 67 listas, 201 candidatos pelearon dos curules. Ese ambiente de tensión, se sintió en el barrio Bretaña, en la sede del candidato Óscar Gamboa Zúñiga.

Cali en elecciones es una ciudad en la que a muchos de sus habitantes los asaltan pequeños males como el dolor de cabeza. Lo aseguró Marco Antonio Gómez, coordinador de la Cruz Roja, encargado de la móvil 3017 de la institución, estacionada en el Diamante de Béisbol. En toda la ciudad, unos 200 integrantes de la entidad, vestidos con trajes azules, estuvieron ‘armados’ con carpas, camillas, medicinas y equipos de rescate, para atender cualquier eventualidad que se presentara. Descansaron apenas a las 7:00 p.m.

Y Cali en elecciones es una ciudad que en sus hospitales vivió un día “normal”. En el Hospital Universitario del Valle, los 3.000 funcionarios que estaban en alerta amarilla pasaron una jornada sin muchos afanes. Pero, con un chiste macabro y ya manido por estos días, un conductor le comentó a un periodista: “al Hospital vaya después de las siete de la noche, cuando se conozcan los resultados de las elecciones. El pabellón de ‘quemados’ estará a reventar”…

En pocas palabras

"Nosotros cuidamos a cada uno de los seres que participan en la jornada electoral. La democracia, la lleva por dentro cada ciudadano que ejerce su derecho al voto". Marco Antonio Gómez, Coordinador Cruz Roja

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John W. Martínez

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