Pensiones, las otras pirámides

Pensiones, las otras pirámides

La crisis global del capitalismo está tocando las puertas de las pensiones. ¿qué hacer?

La actual crisis del sistema capitalista global puso de presente no sólo que el mercado no es el mejor instrumento para asignar los recursos socialmente necesarios, sino que la especulación financiera, alma y nervio de los mercados, al final se comporta como cualquier pirámide porque no está sustentada en la economía real sino justamente en ofrecer altas rentabilidades y valores ficticios, peligrosamente volátiles.

Lo grave es que mientras los beneficiarios del modelo neoliberal sigan al mando de las decisiones económicas, la profundidad de la crisis llegará hasta el sanctum sanctórum del sistema asalariado: las pensiones, que en Colombia, como en el resto del mundo con contadas excepciones,  dejaron de ser una conquista laboral considerada parte fundamental del pacto social que le permitía al capitalismo funcionar sobre la ilusión de una vejez o una invalidez tranquila para el trabajador, para convertirse en un negocio privado que ofrece rentabilidad según los movimientos del mercado.

Y dejaron de ser esencia de los derechos económicos y sociales contemplados en los pactos internacionales y la Constitución, porque los agentes del modelo neoliberal consideraron que en vez de ser un derecho protegido por el Estado, debían convertirse en un mercado para la especulación financiera realizada a través de los fondos privados.

Diez años lleva el experimento en Colombia y ya entró en crisis cuando hay cerca de 8 millones de trabajadores que aportan cada mes a su cuenta individual con la esperanza de pensionarse algún día, aunque de esos tan solo 12.500 están pensionados. El resto no tiene claro su panorama.

 

El origen de la crisis

Hay que ser claros, los fondos privados de pensiones se crearon para ampliar el espectro de la especulación financiera y eso han hecho. Del total de la masa de dinero captada entre los aportantes a esos fondos, que suma $28 billones de pesos (cerca de una cuarta parte del PIB colombiano) el 45% se destina a comprar bonos del tesoro TES (es decir a financiar el gasto del Estado), un 10%, es decir más de $4.000 millones de dólares (cerca de $2.8 billones de pesos), se destina a especular en los mercados internacionales, hoy en crisis y el resto, es decir cerca del 45% de esos valores se destina a la compra de papeles de renta fija y renta variable en la bolsa, la cual arroja perdidas del 33% en lo que va del año.

Tal vez tarde comprendimos que con la reforma de 1998, aportar a pensiones era simplemente abrir una cuenta de ahorro individual obligatorio cuya rentabilidad quedaba sujeta a las fluctuaciones de los mercados. Es que a partir de ese año, las pensiones habían dejado de ser un derecho seguro respaldado por la solidaridad de las generaciones de trabajadores aportantes y garantizado por el Estado, para convertirse en una negocio privado rentable para los dueños y altamente riesgoso para los trabajadores ahorradores.

Pero esa reforma tenía más sorpresas debido a que el modelo neoliberal de privatizaciones traía aparejadas dos ofensivas más: la desregulación laboral, que no es otra cosa que permitirles a los patrones pasar por en cima del contrato laboral individual y las convenciones colectivas de trabajo, establecidas en el ordenamiento jurídico nuestro, para darle paso a la tercerización de la contratación laboral con base en los contratos de prestación de servicios y los convenios con las cooperativas de trabajo asociado.

Como era de esperarse, este tipo de desregulación acabó con la estabilidad laboral, precarizó los salarios y redujo las posibilidades de los trabajadores de aportar a algún fondo de pensiones, lo que a la vez limitó las expectativas de expansión de estos fondos, a los cuales no le quedó otra alternativa que intensificar lo que más les gusta: especular en los mercados financieros para compensar el reducido numero de aportantes permanentes o fijos. Es decir que aportar a pensiones se convirtió en un privilegio de unos pocos mientras la gran masa de trabajadores lo hace para cumplir con un requerimiento legal que favorece a los fondos privados, pero con la certeza de que nunca ese aporte les representará una pensión digna.

 

La ruta de la rentabilidad

Por supuesto que para atraer aportantes a los fondos, estas administradoras privadas deben ofrecer alta rentabilidad y estabilidad de la inversión. Lo primero es relativamente fácil, como lo saben los que perdieron en las pirámides, lo segundo no.

La verdad es que debido a la crisis de Wall Street, la rentabilidad de todos los títulos y papeles que se negocian globalmente han caído en más de de un 40% en lo que va del año 2008 y es seguro que siga cayendo en la medida que caen las bolsas y la especulación a nivel global. Lo grave de esa pérdida de rentabilidad es que va unida a una serie de fluctuaciones (alzas y bajas constantes que no permiten garantizar ni estabilidad ni rentabilidad a las inversiones realizadas).

En Colombia, la rentabilidad de las acciones ha caído un 33% este año. De hecho, los fondos privados que operan en Colombia, habían colocado cerca de 60 mil millones de pesos en entidades que quebraron como Lehman Brothers y el City Group, por lo cual las posibilidades de recuperar esos recursos de los trabajadores son escasas. Solo para hablar del primer efecto y de la primera parte de la crisis. Seguramente en la medida en que se vaya conociendo la profundidad de la misma y el número de instituciones quebradas, esta cifra irá en aumento.

De hecho en Estados Unidos, las pérdidas de los fondos de maestros pensionados representan el 20% de sus inversiones realizadas en instituciones financieras que quebraron como Lehman Brothers.

En Argentina, los fondos habían perdido el 19.5% del valor de sus inversiones, en el momento en que el Congreso aprobó el regreso a las pensiones públicas. Cerca del 55% del ahorro de los trabajadores se invirtió en bonos del estado y 30% en acciones y otros títulos de entidades que fueron golpeadas por la crisis internacional. En México las pérdidas de los fondos de pensiones superan los $6.000 millones de dólares, mientras en Chile llegan ya a los $20.000 millones de dólares.

 

¿Quién paga la cuenta?

Ni los que están recibiendo su mesada pensional actualmente se salvarán del desastre si no se obra ya. El puñado de pensionados de los fondos, ha registrado recortes en las dos últimas mesadas equivalente al 5% de su valor, lo que significa que de seguir ese ritmo en un año recibirán menos del 50% de lo que reciben hoy.

Como son fondos privados pueden declarase en quiebra y que el Estado y los emisores de los papeles que queden en la masa de liquidación, respondan por esos valores. Los dueños de los fondos habrán hecho su negocio a costa del ahorro de los trabajadores. Al final, serán los títulos del Estado, que representan cerca del 55% de las inversiones de los fondos privados de pensiones en toda América Latina y los fondos de salvataje (como el aplicado en EE.UU, pero por mucho menor valor) los que terminen respondiendo por la crisis. Es decir que se hicieron negocios privados con los ahorros pensiónales de los trabajadores, para que la cuenta final, a la hora de la crisis, se pague con recursos públicos.

Llegado a este cuadro, no se podrá alegar que eran ilegales como las pirámides.

 

¿Que hacer?

El primer paso para enfrentar la crisis que viene, lo dio Argentina, que también fue le primer país, donde fracasó el experimento durante el gobierno de Carlos Menem, que dejó sin ahorros y sin pensiones a los argentinos hasta que la economía se recuperó en el gobierno de Kichner. Hoy cuando la crisis vuelve a presentarse, esta vez estimulada desde el centro del capitalismo hacia la periferia salvaje, el gobierno argentino optó por la lógica del perro: no esperar que lo castren la segunda vez y por eso inició el proceso de regreso a las pensiones públicas.

En efecto, la presidenta Cristina de Kichner, logró hacer aprobar por el Congreso de su país, el retorno al sistema público de pensiones y aunque algunos consideran que es una operación para quitarle las pensiones a los argentinos a fin de destinarlas al gasto estatal y al pago de la deuda, la verdad es que es una medida que golpea el centro mismo del modelo rentista y especulativo imperante en Argentina y en el resto del mundo.

La reforma argentina hay que estudiarla, hay que aprender de sus aciertos y errores, pero ante todo hay que extraer conclusiones prácticas y aplicarlas ya, si no queremos vivir una crisis tan profunda como la depresión que amenaza a los EE.UU y a Europa.

El gobierno colombiano asegura que la economía está blindada contra la crisis y que los fondos de pensiones se recuperarán, pero la verdad es que no puede estar blindada una tuerca en medio de un engranaje global en crisis. Sobre todo cuando sabemos que cerca del 35% de las inversiones de los fondos se efectúa en papales de bolsa que a la fecha han perdido el 33% de sus valores originales o en transacciones internacionales con instituciones quebradas. Es decir, los fondos privados de pensiones no están en capacidad de ofrecer ni rentabilidad ni estabilidad a sus ahorradores o aportantes: fracasaron como alternativa social aunque peden ser un jugoso negocio privado.

 

Las alternativas

Por supuesto que el regreso a las pensiones públicas no pude ser bajo el modelo fracasado del ISS. Para empezar, deber ser un fondo autónomo, controlado por los trabajadores, los pensionados y el gobierno y en vez de dedicarse a la especulación financiara, debe servir para apalancar nuevas fuentes de empleo, proyectos energéticos limpios, empresas solidarias que permitan la participación accionaria de los trabajadores y hasta acompañar al Estado en la construcción de infraestructura, pero con garantías claras de que esa rentabilidad es para garantizar la perpetuidad del sistema pensional.

Por supuesto que significará el fin de las cuentas privadas e individuales de pensiones para establecer un fondo colectivo público pero bajo control de los trabajadores.

Precisamente el presidente electo de Estados Unidos, Barak Obama, acaba de anunciar que creará 2.5 millones de puestos de trabajo, no para apalancar la especulación financiera, sino todo lo contrario, para realizar un ambicioso plan de construcción de infraestructura y de energéticos no contaminantes, donde sin duda deberán aportar los fondos de pensiones en la economía real.

Hay que aprovechar que estamos ante un “retorno del intervencionismo de estado” para proponer que éste vuelva a dirigir la economía y se la quite a “la mano invisible” de la especulación financiera. Precisamente el intervencionismo de Estado puede hacer su regreso triunfal asumiendo el debate y la reforma del sistema pensional y la reforma laboral integral que nos devuelva a la senda del Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Creo que la izquierda democrática y el liberalismo radical, deben volver a estudiar la propuesta liberal de “la revolución en marcha” y formular una gran reforma al sistema de protección social que acabe con la ingerencia privada y la especulación financiera en ese sector.

Sin duda que la masa de capital de ese fondo único de pensiones, tiene que generar rentabilidad, pero basada en actividades productivas o en el desarrollo de infraestructura, bajo la garantía siempre del Estado.

Hay experiencias, éxitos y fracaso tanto en el sistema privado de pensiones como en el público hay que analizarlas a fondo pero actuar rápido. 

Jorge Enrique Almario G. Abogado, periodista, analista de temas económicos, asesor legislativo.

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John W. Martínez

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